- Molino y placa solar apoyan el suministro de electricidad al pequeño establecimiento que recibe a siete alumnos.
Por Paola Abarzúa
pabarzua@laprensaaustral.cl
La prístina presentación de Puerto Toro, los pocos habitantes del lugar, la exuberante vegetación de la isla Navarino y, por sobre todo, el aislamiento, hacen que la educación de los siete niños de la escuela del lugar sea distinta y muy singular.
Son siete pequeños de pre kinder a séptimo básico los que en jornada escolar completa aprenden los contenidos que están programados para cada uno de ellos.
La profesora María Eugenia Urrutia es la encargada de llevar adelante este austral proyecto educativo. Que por la lejanía impone rigores y desafíos que no amilanan el espíritu de la educadora.
Sin duda, uno de los valores que más se destacan en este entorno privilegiado es el cuidado por el medio ambiente.
Por eso no es extraño que haya un especial trato con la basura, la que es recolectada de manera separada de acuerdo a su naturaleza.
Pero el proyecto más innovador en este sentido es la placa solar y el molino de viento que abastece de energía a la escuela.
Si bien la localidad cuenta con un motor que suministra electricidad algunas horas del día. La escuela además considera el apoyo de estas alternativas energéticas. “La luz de energía eólica la usamos en la tarde si es que hay viento. El problema que tenemos es que el lugar es muy cerrado y eso hace que no tengamos mucho viento”, señaló la profesora.
Desde las 13 horas a las 14,30 la pequeña escuela funciona con este apoyo. “Pero no podemos usar internet a esa hora, porque se necesita más energía. Pero sirve para las salas”.
Falta conectividad
Si bien la escuela cuenta con un computador por alumno, sólo uno de ellos tiene acceso a internet.
“Nosotros acá tenemos un súper buen colegio, en cuanto a cómo está formado. Cada niño tiene su computador. Y ellos trabajan en el software de inglés y varios programas de niños. Mi trabajo es diferente a otro colegio. Es como en un colegio particular. Y tengo una atención individual con los niños”.
Además hay proyectos educativos que conectan a los pequeños con el entorno. Se trata de iniciativas que buscan mejorar la educación, mostrando a los niños localidades cercanas, que permitan ampliar su mirada. “Los niños pueden salir con sus mamás a Puerto Williams. Se quedan un fin de semana allá. Ya se ha hecho dos veces en este año”.
Aunque reconoció que hay dificultades. Especialmente de conexión. “Yo noté muy poca conectividad. Hicimos un proyecto con el Liceo de Puerto Williams y tuvimos acceso a que los niños fueran para allá y de hecho también desfilaron. Ellos no habían salido de acá”, explicó la educadora.